"Tres pilares": la nueva reflexión de Martín Ponce de León

Las relaciones humanas: Jesús sabe que Dios es un ser en relación y ello es parte de su haber hecho al ser humano “conforme su semejanza”, dice Ponce de León.
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Cuando uno se acerca a los relatos evangélicos y se adentra en la propuesta de Jesús allí relatada no puede dejar de reconocer a tres pilares que se vuelven muy notorios porque muy bien subrayados.

La salud: con facilidad nos encontramos a Jesús atendiendo las necesidades de salud de muchos de sus contemporáneos. Jesús sale al encuentro de los necesitados y lo vemos saliendo al encuentro de un delicado problema. Para sus contemporáneos la enfermedad era un castigo de Dios personal o familiar. Dios podía castigar por alguna falta cometida por algún familiar hasta en una anterior cuarta generación. De esta manera podían explicar los nacimientos de algunos con algún problema de salud. Jesús vino a mostrarnos a un Dios que no castiga, sino que, por el contrario, perdona y ama. Es un Padre que nos quiere ver felices y no castigados, mucho menos, marginados. La enfermedad era una carga que debía enfrentarse con la marginación de la vida religiosa del pueblo. Jesús cura para integrar. Jesús cura para devolver la dignidad a las personas.

Las curaciones realizadas por Jesús no responden a rituales (en aquel tiempo los tenían) sino a un acto de confianza en su poder e intercesión (fe). Cuando confía una tarea a sus discípulos no les pide otra cosa que anuncien la buena noticia restituyendo la salud de los enfermos.

La mesa compartida: los relatos evangélicos, muy pocas veces, nos hacen referencia a Jesús celebrando algún acto cultual, pero, en cambio, en muchísimas oportunidades nos dicen de Jesús compartiendo la mesa con sus contemporáneos. En la sencillez de una mesa compartida crece la fraternidad. Se comparte la vida y las situaciones que hacen a ella, al ser compartidas, se vuelven más llevaderas y se construye comunidad. En la mesa compartida, a más del mismo alimento, se permite el crecimiento de la fraternidad puesto que todo ayuda a la confianza y la cercanía que despierta la igualdad. Es una oportunidad para el encuentro desinteresado y distendido. Jesús, no solamente aprovecha esa instancia, sino que la disfruta. Aprovecha esas instancias como una manera de fomentar lo humano y de mostrar la cercana cercanía del Padre Dios que propone. Con certeza se puede decir que la mesa compartida es, para Jesús, una instancia de apostolado muy importante.

Las relaciones humanas: Jesús sabe que Dios es un ser en relación y ello es parte de su haber hecho al ser humano “conforme su semejanza”. Debido a esa, nuestra condición, es que va a insistir en cómo deben ser eso que hace a nuestra esencia. Lo suyo, al ser propuesta del Reino de Dios, va a ser una insistencia sobre las relaciones fraternas. Va a insistir en las relaciones como instrumento de unidad y respeto, como instrumento de servicio y solidaridad. Que nuestras relaciones no sean un instrumento de poder sino de servicio que ayude a crecer en dignidad y respeto. La propuesta de Jesús es una invitación a la aceptación del otro en su originalidad y en disponibilidad que permita la realización del otro como persona.

Tres pilares que no hacen otra cosa que potenciar los rasgos humanos de Jesús ya que está muy lejos de presentarnos una teoría o una utopía. Lo de Jesús es bien realista y, jamás, deja de tener los pies sobre la tierra.

Por más que pueda llamar nuestra atención, desde Jesús, para llegar a Dios necesitamos potenciar nuestra condición humana y, lo cotidiano, se nos transforma en instrumento que nos permite vivir y crecer en Dios.

Desde Jesús, lo humano adquiere una importancia tal que nos permite nuestra realización y plenitud.

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