"Los Inútiles": la nueva reflexión de Martín Ponce de León

"Los relatos evangélicos nos presentan algunas presencias (las he nombrado en renglones anteriores) que no hacen otra cosa que mostrarnos una cercanía", dice Ponce de León.
Reflexiones11/04/2026Redacción 220.UYRedacción 220.UY

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Martin Ponce de Leon 34244332

 Perdón, Guillermo, pero no puedo evitar utilizar tu propuesta para este artículo que deseo compartir. Cuando nos formulaste la tarea de reflexionar sobre ella, la tarea me encantó puesto que era la de sumergirnos en un algo muy vital, pero, también, algo muy poco hablado.

Nos hablaste de “los inútiles” en la pasión de Jesús y muchas situaciones vinieron a mi mente. En primer lugar, vino a mi mente el cuestionamiento que le suelen formular a una persona por su trabajo y, en segundo lugar, me cuestionó eso que yo llamo “Pastoral de cercanía”

Te referías a personas relatadas en los evangelios que tienen algún gesto que no sirve para revertir la situación que vivía Jesús, ni logran revertir el destino que le habían asignado. Las mujeres que lloran al borde del camino, María, Juan y un grupo de mujeres, la tradición nos dice de Verónica.

La condena de Jesús debemos verla como un acto del gobierno dominante que busca impedir cualquier posible movimiento desestabilizador. No era un acontecimiento que podía pasar desapercibido. Era un acto que aseguraba y mostraba el poder de las fuerzas dominantes.

Era un acto donde todo mostraba desprecio y derrota. No merecía ser ajusticiado dentro de los muros de la ciudad, por eso la crucifixión se realizaba fuera de la misma. No merecía ser sepultado en la tierra del pueblo, por eso el cuerpo de los crucificados se descomponía en la cruz donde había encontrado la muerte. Era un acontecimiento que podía prestarse a revueltas puesto que el condenado podía ser intentado liberar. De allí la abundante presencia de integrantes de soldados prontos para evitar, un posible acercamiento, al condenado.

Los relatos evangélicos nos presentan algunas presencias (las he nombrado en renglones anteriores) que no hacen otra cosa que mostrarnos una cercanía, pese a la distancia física con el condenado. Son seres que, venciendo los posibles miedos, muestran cercanía para con quien va cargado con la cruz. Son presencias que no modifican lo torturante de aquel camino y, mucho menos, modifican el final del evento. Son seres que, de lo que son, aportan algún detalle que dice de la solidaridad y simpatía para con Jesús. Los relatos evangélicos no dicen de la posible importancia que debe de haber tenido, para Jesús, cada uno de aquellos pequeños gestos. Pese a todo lo montado en torno al hecho en sí, nos quieren resaltar tales hechos narrándolos.

Es que, cada uno de esos gestos dicen de una cercanía que va mucho más allá de una realidad física. Dicen mucho más que una posible utilidad o no, del gesto en sí. Para Jesús, la humanización de Dios, todo lo humano le era importante y, por ello, esos pequeños gestos le decían de seres que no se unían al coro de los insultos o de los agravios. Eran seres que, rompiendo con lo de la mayoría, decían de su estar cerca puesto que su situación les importaba y les afectaba.

Le hacen saber que no está solo en ese tortuoso camino. Están con Él aunque la realidad les haga ver que está solo. Tan solo que necesitan acudir a uno de los observadores para que ayude a Jesús a llevar su cruz ya que temen, al verlo tan deteriorado, se queden sin el personaje central de lo que están ejecutando.

En el relato de la Pasión, aunque lo parezca, no son inútiles, sino que tienen una lección que brindarnos puesto que “los inútiles” son de mucha utilidad en el camino de Jesús.

Inútiles somos cuando, por miedo, por vergüenza o comodidad, simplemente, nos sumamos a la mayoría.    

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