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"Aprendiendo", por Martín Ponce de León

En oportunidades pienso a la vida como esos grandes trozos de granito donde, a fuerza de golpes, el artista logra esculpir una imagen....

Reflexiones Redacción 220.UY Redacción 220.UY

Padre Martín Ponce de León 543534



A medida uno va viviendo va experimentando la necesidad de agradecer.

No sé si porque uno es un privilegiado o porque no se puede hacer otra cosa.

No todos pueden compaginar vocación con tarea.

No todos desarrollan su vocación en medio de seres que le ayudan a ser mejor.

No todos tienen la dicha de encontrar a seres a quienes amar y que le obsequien muchas muestras de amor.

No todos, frente a las dificultades propias de la vida, saben que ellas no llegan a ensombrecer los beneficios de la misma.

La vida nunca es de una belleza pura, siempre posee sombras.

Sombras que no hacen otra cosa que resaltar las luces o, simplemente, sombras.

Pretender una vida sin sombras es pretender una vida irreal.

La vida es, siempre, con luces y sombras.

Pretender aprender a vivir la vida sin golpes es pretender lo inexistente.

En oportunidades pienso a la vida como esos grandes trozos de granito donde, a fuerza de golpes, el artista logra esculpir una imagen.

Son golpes constantes y precisos.

Son golpes que sacan pequeños o grandes trozos.

Siempre son golpes que van destruyendo el bloque original y dando paso a la escultura admirable.

Desde una vida sin golpes muy difícilmente habremos de llegar a ser esas personas que deseamos ser.

En oportunidades somos nosotros quienes nos proporcionamos los golpes con nuestros errores o nuestras equivocaciones.

Ellas deben ser parte de nosotros puesto que muchísimo nos enseñan.

Desgraciadamente ellas no solamente nos lastiman sino que, también, lastiman a otros.

En oportunidades son los demás quienes nos golpean con sus actitudes y…….

Podemos resentirnos o podemos dejar aflorar lo mejor de nosotros.

Cada vez que permitimos que, como respuesta, aflore lo mejor de nosotros estaremos creciendo en la tarea de plasmarnos como buenas personas.

Sin esos golpes nunca hubiésemos llegado a ser lo que hoy se es.

La vida tiene mucho de renuncia, de pérdida, pero ellas están para hacer que maduremos y crezcamos y debemos aprender a verlas como ventajas para nuestra vida.

En este crecimiento personal, generalmente, no nos conformamos con ser nosotros mismos sino que nos ponemos algún otro ser como ideal.

Ello es un aliciente pero, también una exigencia.

Pretender que nuestra realidad se acerque a la de……… es toda una compleja tarea que vale la pena aunque sepamos que nos implicará toda la vida lograrlo.

Es indudable que existen golpes que, parecería, nos arrancan trozos en los que se nos van momentos de vida.

También a ellos debemos aprender a ponerlos al servicio del resultado final.

La vida se nos vuelve un prolongado gracias en la medida que somos capaces de poner al servicio de nuestro ser mejores personas y, por lo tanto, aprendiendo constantemente.

Nunca nuestro crecimiento personal va exonerado de dificultades.

Nuestra vida es un constante encuentro con el acierto y el error.

Desde el uso cada vez más maduro de nuestra libertad vamos buscando y, para ello, dando pasos.

En esos pasos podemos equivocarnos algo, mucho o muchísimo.

Evidentemente que, también, tengamos satisfacciones pequeñas o inmensas.

Toda nuestra vida se va plasmando desde esa realidad de errores y satisfacciones.

Toda nuestra vida nos va gestando desde esa realidad nueva que deseamos ser.

No alcanza con mirar el ideal.

No alcanza con tener claro nuestro ideal personal.

El escultor no tiene el resultado final por ponerse a contemplar el bloque de granito indefinidamente o compenetradamente.

Necesario se hace el ponerse manos en acción.

Necesario se hace el no gastar esfuerzos para construirnos como buenas personas.

A fuerza de golpes debemos aprender a ser para que nuestra vida sea un gracias constante.



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