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"Qué se hizo", nueva reflexión del Padre Martín Ponce de León

Quizás se ha escondido detrás de algún cúmulo de estrellas pero no atino a encontrar tal lugar. No puedo divisar ningún rastro de su presencia.

Reflexiones Redacción 220.UY Redacción 220.UY

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Martin Ponce de Leon 34244332



Sentí la necesidad de hacerlo y fue lo que hice pero una profunda desdicha me invadió.

La tranquilidad de aquella hora era una invitación a encontrarme con la luna y salí al fondo dispuesto a ello. Lo necesitaba.

Con profunda desazón descubrí que la luna no estaba presente.

Se había ido llevándose su hamaca.

Se había ido llevándose su luz tibia y su brillo envolvente.

No se encontraba en el cielo con su risa plena de cascabeles.

¿Qué se hizo? Me pregunto mirando al cielo y buscándola entre las estrellas.

Repentinamente descubro que la noche se hizo muy noche y todo se esconde tras la oscuridad y las sombras.

En el cielo no se escucha su risa blanca ni se ven sus manos grandes aferradas a los tiros del columpio.

Pretendo descubrir el lugar donde se ha logrado esconder pero no puedo hacerlo. Todo está silencioso y vacío.

Quizás se ha escondido detrás de algún cúmulo de estrellas pero no atino a encontrar tal lugar. No puedo divisar ningún rastro de su presencia.

¿Qué es un cielo sin luna? Un inmenso techo gastado por el tiempo que deja ver sus pequeños orificios por donde se asoman las estrellas.

Sin luna todo el cielo resulta una terrible soledad que se mantiene sobre mí.

Todo parece mucho más oscuro y triste.

Todo parece mucho más solitario porque ausente de magia e ilusiones.

Paso largo rato con la ilusión de que volverá a aparecer pero ello no sucede.

Paso prolongado rato mirando hacia arriba esperando el momento en que volveré a encontrar su columpio y podré acercarme a él para disfrutar la paz de esos seres que saben hamacarse en él.

¿Mis ojos se cansan sin poder ver?

¿Mis ojos se nublan ante el no poder encontrar a la luna?

Vaya uno a saber cuál ha de ser la respuesta correcta puesto que una extraña sensación invade mi ser.

Por un lado experimento la triste certeza de que no está y, por otro lado, la remota esperanza de que habrá de volver.

Intento esbozar un canto para matizar mi espera pero ninguna canción llega hasta mi memoria y, mucho menos, hasta mi voz.

Intento formalizar un rezo alentando mi esperanza pero los mismos se hacen preguntas que no tienen ni esperan respuestas.

Poco a poco la oscuridad me va envolviendo más y más y no quisiera me envolviese totalmente por ello es que me retiro para poder escapar de esa noche.

Mientras me encamino a acostarme para dar por finalizada mi jornada una y más veces me pregunto: “¿Qué se hizo de la luna?”

¿La habrán llevado a corregir el largo de sus tirantes?

¿La habrán retirado para ponerle aceite en sus aros?

¿Será, tan solo, una retirada transitoria o no volverá a estar, como hamaca, al servicio de alguien?

También sé que, hoy, no llegará en algún momento de la noche a visitar mi cuarto.

Tal vez era una ilusión demasiado hermosa para ser realidad y debo saber que en mi vida la luna era una remota quimera o un sueño imposible.

Mientras tanto, en esta oscura noche sin luna, pido a Dios que la luna no se quede sin luz ni pierda su ternura puesto que ambas realidades son necesarias para nuestro hoy.

Un mundo sin luna es un mundo triste, frío y oscuro y necesario es un mundo con la noche plena de luz, con la calidez de la cercanía y la alegría de historias sin final.

Ya hay suficientes oscuridades como para que las noches sean colmadas de oscuridades que impiden ver y disfrutar de tantas situaciones que ayudan a sonreír desde el corazón.

Pero hoy…. ¿Qué se hizo de la luna?

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