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"Valores en nuestra vida", escribe Martín Ponce de León

Cuando somos niños muchas cosas se nos imponen y las aceptamos y cumplimos porque ello es lo que, se nos ha dicho, es lo que debemos hacer....

Reflexiones Redacción 220.UY Redacción 220.UY

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Martin Ponce de León 24332 (1)

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Es evidente que lo esencial pasa por nuestra postura ante la vida y todo lo que ello implica.

Importa que los instrumentos que nos ayudan a tener una postura correcta no se nos transformen en lo esencial. Son importantes pero instrumentos al fin.

Importa que nuestra relación con los demás no sea el resultado de una obligación sino el resultado de una postura vital.

Cuando somos niños muchas cosas se nos imponen y las aceptamos y cumplimos porque ello es lo que, se nos ha dicho, es lo que debemos hacer.

Cuando hemos madurado ya no es válido el que vivamos para cumplir obligaciones impuestas sino que debemos animarnos a sumir nuestras posturas.

Al asumir algo lo hacemos con la convicción de que ello es útil y necesario.

Es así como vamos quedándonos con aquello que resulta esencial para nuestra vida.

Allí asumimos que lo necesario no es lo que cumplimos sino la manera con que hacemos las cosas.

Lo importante no es, solamente, lo que se realiza sino la intencionalidad que ponemos en lo que se hace.

Lo esencial no pasa por detalles sino por esas realidades profundas que hacen y dicen de nuestra intencionalidad. Es allí donde depositamos los valores que dicen y hacen a lo esencial de nuestra postura vital.

Los valores son los que dicen de nuestra vivencia más profunda y hacen a central de nuestra realidad.

No hay ningún valor que nos encierre en nosotros mismos ya que ellos dicen de nuestra condición de personas y ella es que seamos seres en relación.

No somos seres que viven en “relación de manada” sino que somos personas y jamás debemos perder nuestra condición de tales.

Hay seres que viven para hacer lo que se les manda y son muy buenos en ello pero no pierden su condición de infantiles aunque estén cargados de años.

Hay seres que viven encerrados en ellos mismos y, sin proponérselo, reniegan de su condición de personas.

Las verdaderas personas son aquellas que se relacionan con los demás para ayudar y ayudarse a ser plenamente tales.

Son aquellas que ponen su vida al servicio del entorno en el que viven ayudando a que otros hagan de su existir un algo cada vez más digno.

Son aquellos que no dudan por brindar una mano colmada de desinterés, disponibilidad y cercanía.

Son aquellos que se mueven motivados por valores que hacen y dicen (por sobre todas las posibles palabras) de su condición personal.

Son aquellos que no dudan en brindarse, con realismo y sentido común, para que otros se sepan más dignos.

Son aquellos que llegan a comprender que necesitan ser ayudados para no bajar los brazos ni resignarse ante los conflictos que, reiteradamente, deba enfrentar.

La persona se nutre y hace acto todo aquello que hace directa referencia a lo esencial.

Lo esencial son valores y los mismos impulsan a una relación con los demás que los prolonguen y hagan crecer.

Los valores que hacen a lo esencial no son una carga ni un peso que se hace vida sino que son promotores de libertad y ella siempre es realización y alegría puesto que esbozo de plenitud personal

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