


"Manos grandes", escribe Martín Ponce de León
Redacción 220.UYCompartir








Rezar es unir el corazón y las manos para expresar un deseo y nuestra disponibilidad a realizarlo.
Deseo de agradecimiento, pedido, perdón y disponibilidad o lo que sea que hace a nuestra relación con Dios.
Es allí donde nuestras manos se unen a las del Señor.






En esa unión es donde nos llama la atención el tamaño de sus manos.
Son manos grandes que nos despiertan, siempre, sorpresas o asombro.
La sorpresa o el asombro de saberlas siempre extendidas generosamente.
Siempre dispuestas y disponibles para recibirnos entre las suyas.
Allí podemos experimentar su ternura al tomar las nuestras sólo por puro amor.
Sus manos, siempre extendidas, se aferran a las nuestras puesto que siempre está dispuesto a hacernos saber que nos acepta y dispuesto a ayudarnos.
Sus manos extendidas nos regalan el calor de las suyas.
Así como nos regala su calor nos obsequia algún delicado detalle que nos ayude.
Detalle que suele ser algo que nos hará despertar una asombrada sonrisa.
Sus manos no se ocultan para ayudar.
Varias heridas recuerdan por lo que han pasado para que ya no necesite ocultarlas.
Están más que acostumbradas a estar a la intemperie. El viento, la solidaridad y la cercanía con los demás le haces ásperas pero tremendamente tiernas.
Sus manos poseen las espereza de estar a la intemperie pero, también la cálida ternura del encuentro con quien acude a sus manos.
En sus manos siempre hay lugar para una generosa solidaridad y el gusto de brindarla.
Son manos grandes puesto que totalmente entregadas y comprometidas a brindarlas a quien las necesite.
Sus manos revolotean subrayando sus palabras y haciendo que las mismas calen hondo en los corazones dispuestos a recibirlas.
Son manos grandes que se agitan como mariposas y ayudaban a que su sentido común fuese pura coherencia.
Sentido común, coherencia y alegría. Sus manos hacen que su sonrisa se vuelva cascabeles que suenen con tintineos brillantes.
Sus manos están más acostumbradas a brindarse desinteresadamente que a esperar cualquier tipo de devolución puesto que las brinda sin esperar a cambio.
Sus manos grandes se hacen cercanía para continuar interminablemente dándose.
Lo suyo es amor hecho entrega, dedicación y espontaneidad.
Sus manos se unen a las nuestras para ayudar a realizar los más variados sueños posibles.
Ante una solicitud acude con sus manos dispuestas a brindarlas para que alguien se pueda ayudar y ser más digno como ser humano.
Sus manos grandes siempre tienen tiempo para darse y ayudar.
Sus manos grandes saben de sufrimientos pero mucho más saben de amor y, por ello, las mismas están colmadas de caricias y mimos.
Sus manos grandes no tienen lugar para los reproches o los juicios ya que están disponibles para ayudar y brindarse.
Sus manos crean comunión y fraternidad porque regalan “Dios con nosotros”
Sus manos grandes construyen, porque plenas de amor, un mundo mejor porque más digno, más justo y mejor.









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