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Reconocerte, la nueva reflexión del Padre Martín Ponce de León

"Muchas veces he hablado de ti pero, ahora, no te reconocía y todas mis palabras se atragantaron en mi interior", dice Ponce de León.

Reflexiones Redacción 220.UY Redacción 220.UY

Martin Ponce de Leon 234324

Debo aceptar no me resultó fácil reconocerte.

Muchas veces había pasado por allí y te había visto pero no te había reconocido.

Muchas veces he hablado de ti pero, ahora, no te reconocía y todas mis palabras se atragantaron en mi interior.

Es muy fácil hablar de ti y de tu historia pero verte hoy, al menos para mí, no me resultó tan sencillo.

Tienes un rostro que, sin duda, no es el que aparece en las imágenes o en las estatuas.

Tienes un rostro tan nuestro que es preferible verte como uno más de los muchos que andan por nuestras calles.

Sé el nombre y me quedaba en ello. No se me ocurría pensar que eras tú.

Has puesto como un pequeño asiento en la esquina de aquella calle y allí, sentado, pasas tus horas largas.

De vez en cuando te levantas para acercarte a alguna moto o algún auto con un “Se la cuido” a flor de labios.

En oportunidades tu estado te hace levantar con pasos tambaleantes y no llegas a pronunciar palabras puesto que las mismas te resultan difíciles de pronunciar.

Una vez te vi y dormías desparramado sobre las baldosas de la vereda y, en otra oportunidad, sobre un cartón que hacía las veces de colchón.

Tomas y ello es, muchas veces, tu único alimento. Otras veces te alimentas con algo que algún vecino solidario te acerca.

En diversas oportunidades hemos intercambiado alguna charla y siempre intercambiamos un saludo. Pero nunca lo hice teniendo presente eras tú con quien hablaba y al que saludaba.

Me limitaba a ver que continúan pasando los días y sigues con la misma ropa. Haga mucho frío o un algo de calor y siempre con la misma vestimenta.

Últimamente tu barba tupida de negro ha ido creciendo hasta hacerse muy notoria.

Sé que, ahora, ya no duermes en la calle puesto te han conseguido un lugar donde pernoctar. Una dificultad menos para tu particular existencia.

Hoy, cuando pasé y te saludé, me dije: “Es Jesús y quiere haga algo por él”

Creo pusiste esa idea en mi mente cansado de que no te reconociera.

Creo te diste a conocer cansado de esperar hiciese algo por ti.

¿Por qué me costó tanto reconocerte?

¿No vivo hablando de la necesidad de descubrir a Jesús presente en los demás?

¿Es que esa persona no es parte de “los demás” en las que estás tú?

La teoría es muy sencilla pero lo que cuenta es la realidad y los actos que realizo para con ella.

De muy poco sirve la teoría, por más elocuente que sea, si no motiva nuestras acciones vitales por muy sencillas que parezcan.

Tal vez, Señor Jesús, sea más fácil reconocerte en alguna situación extraordinaria o en algunos rostros particulares que en alguien que uno ve con frecuencia y, en oportunidades, en estado deprimente.

Recién ahora caigo en la cuenta que tu buscaste estar en estado deprimente puesto que colgado de la cruz eras un guiñapo de ser humano para mostrarnos que, también, hacías tuyas esas realidades.

Claro, tú en la cruz ya eres una figura a la que nos hemos acostumbrado a ver. Pero tú, hoy, asumiendo nuestras miserias no es algo que estemos acostumbrados a ver.

Pero no quiero caer en excusas fáciles ni en pretextos inconsistentes. Debo aceptar que me costó reconocerte y nada más.

¿Cuántas veces habrás pasado por mi vida y no supe verte?

¿Cuántas veces habrás quedado esperando algo de mí y no supe dártelo?

¿Cuántas veces me necesitaste y me conformé con saludarte?

Perdón, Señor Jesús, debo reconocer que no me resultó fácil reconocerte.

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