220.UY | Seguinos en redes

Columna: Negro sobre blanco, por Aníbal Durán

Aníbal Durán es el Gte. Ejecutivo de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU)

Columnas Redacción 220.UY Redacción 220.UY

Compartir

IMG-20230601-WA0016

Banner Junta Maldonado 3243


Por supuesto que los promotores privados, quieren utilidades cuando se embarcan en 
un proyecto inmobiliario. Por supuesto que invierten, no porque alguien los compele a 
que ello suceda, sino que arman todo el andamiaje de motu proprio.
En la libertad económica que nos rige, cada uno sabe los riesgos que se asumen, las 
dificultades inherentes al metier, la mano del burócrata que muchas veces obstaculiza 
y, además, frustra proyectos.
Realizadas esas digresiones previas, intentaré ir al meollo de la prosa.
Viene a cuento porque días pasados me interioricé con la dirección de organismos 
oficiales, que tienen relación con la inversión en vivienda y me dieron números, aún 
parciales, de que la inversión de los promotores es muy importante.
Déjenme acotar algunos aspectos muy manidos, reiteradamente escritos y 
verbalizados, pero que muchas veces no son tenidos en cuenta, por quien o quienes 
deben tomar una decisión respecto al metier que nos compete.
Una obra en construcción (siempre me estoy refiriendo a la inversión del promotor 
privado y eventualmente, posterior construcción de vivienda), dependiendo un tanto 
del metraje a construir, abarca un lapso de tiempo que es desusado y que merece 
significación.
Pongamos un promedio de 3 a 4 años, desde que el promotor pensó el proyecto, 
desde que el mismo armó o no un grupo económico que apalanque la inversión, desde 
que llevó a un arquitecto que primero pensó el proyecto en su cabeza y luego lo baja a 
tierra, desde que necesita un grupo de obreros que muchas veces lo tiene y existe 
fidelización entre ambas partes, pero a veces no sucede, desde que eventualmente, 
necesita contratar una empresa constructora confiable y ejecutiva…y desde tantos 
ítems más, hasta empezar a construir.
Y en el decurso de ese plazo, se está inevitablemente al socaire de los sucesos 
económicos que pueden pintar según el paladar o no del promotor. Así las cosas, el 
mundo mira a América Latina y los inversores llegan, o no sucede y COMO VIENE 
PASANDO, se comienza la obra a un precio del dólar y con el pasar del tiempo, el 
mismo precio cae y el promotor responsable no puede detener la obra, incluso 
arriesgando a perder dinero.

O los problemas sindicales que pueden acaecer, con paros intempestivos que suceden 
(no adjudico razón o no a ninguna de las partes), o el aspecto climático que juega su rol 
y donde la lluvia por referirme a un fenómeno meteorológico, frustra una jornada de 
trabajo.
La seguridad obrera literalmente desvela y en definitiva el dueño de la obra es el 
promotor. APPCU ha encarado el tema en el sector con total seriedad y fuimos 
pioneros en armar un equipo de Seguridad e Higiene, allá por 1995, que hasta el día de 
la fecha continúa en funciones, multidisciplinario, gestor de muchas actividades sobre 
la seguridad e higiene, minimizando lo más posible la posibilidad de que sucedan 
accidentes.
Pero no es lo mismo y sin disminuir la responsabilidad de nadie, un supermercado o 
una boutique y sus empleados, con una obra y los obreros de la misma, ante un 
accidente en ciernes. 
Más de una vez, distintos promotores me han dicho que siempre su pensamiento está 
en la obra y que la construcción de la misma se desarrolle sin accidentes. 
Otros aspectos que también pasan desapercibidos, refiere a que sin perjuicio de lo 
dicho, es menester tener en cuenta la mano de obra que se demanda, los salarios 
dignos que se pagan, la multiplicidad de pequeñas industrias que trabajan en derredor 
de una obra, profesionales de distinta laya (no solamente un ingeniero, un arquitecto o 
un agrimensor, por citar algunos) que les son requeridos sus servicios, hasta lo que 
podría parecer nimio pero no lo es, dinamiza el barrio del caso y venden más sus 
comercios aledaños.
Y finalizo sin agotar el tema, un edificio terminado o una casa en un barrio privado, por 
ejemplo, siguen demandando trabajo, porque dicho edificio demandará un 
administrador de los gastos comunes, un sanitario, un electricista, un paisajista, 
mucamas, un portero o empresa de seguridad, entre otros tantos servicios, hasta 
mencionar que la intendencia correspondiente tendrá más contribuciones 
inmobiliarias para cobrar, como asimismo los gastos de saneamiento y demás, como el 
tributo de Primaria a través de la Dirección de Impositiva.
Colofón: seguiremos hurgando en certezas de números, pero decimos que en este 
cuatrienio 2020-2024, la promoción privado ha invertido miles de millones de dólares 
tanto sea en lo que es la promoción tradicional, como en vivienda promovida, como en 
megaproyectos y por esa razón y exponiendo en negro sobre blanco, es que 
propiciamos reivindicaciones ante organismos del gobierno nacional y 
departamentales, con correspondencia dispar, que indudablemente respetamos (el 
gobierno nacional ha sido muy receptivo con logros).
No es cuestión de nombres, para APPCU el derrotero trasciende los mismos y la 
confianza en el país, se constata. 


Aníbal Durán

Te puede interesar
Lo más visto

220.UY | Más Información

Banner-Estilo-Radio