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Columna: Estos “locos lindos…”, por Aníbal Durán

Aníbal Durán es el Gte. Ejecutivo de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU)

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A ver, intentaré explicarme. Y buscaré como una analogía. Un “loco lindo” es como un juego de lenguaje: denota alguien que parece que habita en un mundo ajeno al nuestro; están en nuestro mundo, pero parece que no lo estuvieran. Un “loco lindo” es lo distinto, lo que sale de la monotonía, el de las ocurrencias inverosímiles, que no hace daño y que va viviendo su vida. Son aventureros, arriesgados, tienen buena fe y no miden las consecuencias. Los promotores privados no tienen algo de esos “locos lindos…”? No es salir de la monotonía, arriesgar un dinero muy importante en un emprendimiento que puede durar casi un lustro, si a un edificio nos referimos? No es arriesgado, cuando la economía cumple sus ciclos que no conocen muchas veces de aspectos lógicos y que además depende de los aires foráneos? No es una aventura cada vez que se embarcan en un proyecto, donde la casuística es variada, donde la demanda puede existir o no y donde se comprometen a un precio y luego deben respetarlo, pese a los altibajos de la actividad económica? Compran un terreno y luego están al socaire de N aprobaciones que cada vez más son más engorrosas, “se traban en lucha” contra la burocracia, deben tocar puertas y puertas, lograr tener voluntades que los escuchen, los interpreten y luego aprueben lo que sea menester. Los promotores privados son unos “locos lindos” que se tiran a la pileta porque sienten pasión por lo que hacen, sabedores de que incursionan en un galimatías que a veces es muy difícil desentrañar. Porque además trabajan con mucha gente de distintos estamentos sociales, no apelo a discriminación alguna, y a veces la conversación que puede iniciarse placentera se transforma en un diálogo de sordos que no conoce de razones ni verdades.  Es cierto que delegan funciones y son representados, pero al final del cuento existe un responsable y hay que hacerse cargo. Días pasados me contaba un avezado promotor que también construye, que muchas veces no conciliaba el sueño, pensando en la seguridad de los obreros. Cada día que 

amanecía y él iba a la obra, era un nuevo desafío que había que afrontar y subía las escaleras de la estructura que iba tomando forma, apañando a la gente y verificando que la seguridad y los elementos para preservar la misma, estuvieran presentes. No es motivo de esta prosa poner a los promotores como el Quijote de la Mancha, el caballero de Cervantes que luchaba contra los molinos de viento. Pero éste representaba la abnegación y el sacrificio, buscando reivindicar derechos allí donde no están. Abnegación y sacrificio es la estoica aventura de un promotor que obviamente si la historia termina bien, tendrá su rédito económico, habrá utilidades, y satisfará a decenas de usuarios que usufructuarán la vivienda, un bien de interés social, independientemente de la categoría de aquella. Y no olvidarse que muchas veces la historia no termina bien y que el devenir de los acontecimientos en el decurso de los años, hace que el promotor deba cumplir sin dobleces el compromiso asumido, pero el dinero se ha diluido por avatares ajenos a él y que impone la economía. Hoy en día, hay promotores que han vendido en su momento a un dólar a 42 pesos y hoy ronda los 38 pesos. Colofón: entonces, no tengo duda que estos aventureros con quienes hablo todo el tiempo, de ninguna manera tienen una obsesión por ganar dinero. Es demasiado el riesgo que se corre para ese solo fin.  Son unos “locos lindos” que quieren invertir, dar trabajo y lograr culminar una obra donde han puesto su talento, su esfuerzo, su necesidad de apostar al país y a su gente, y cuando el edificio se entrega tener la conciencia sana y la convicción del deber cumplido. A pesar de que en la vida cotidiana es necesario el coraje, existe otro tipo de coraje necesario para la tarea del ser humano: el coraje de enfrentarse a nuevos desafíos y aceptar lo diferente en los accidentes que nos brinda la experiencia. No estamos diciendo que el promotor es un samaritano per se... pero lo narrado es objetivo Es la “vida” del promotor privado que cumple sin excusas carentes de asidero. Aníbal Durán 

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